viernes, diciembre 03, 2004

La comunidad del pie.-

Distinguidos y Jóvenes Compañeros de ruta:

La personalidad es un zapato. Por ejemplo nuestra amiga Paz, hippi, relajada, volátil, es una Alpargata. De hecho creo que es parte de su cuerpo el mimbre y el género que deja sus patitas aireadas y campestres en el cemento de esta conglomerada vorágine. Son suaves, están a ras de suelo y siempre sienten lo que pisan, sin olvidar que son susceptibles al cambio de color cuando uno quiera, es cosa de agarrar la tempera y listo, new look.

Mi profe de literatura en cambio es un mocasín, un tipo compuesto, sencillo, clásico, tradicional, ordenado y siempre listo a la flexibilidad del paso a seguir, de hecho siempre he creído que tiene familiares en el mundo de Robin-Hood, pero eso es un secreto. Es ajustado y alargado, oscuro y brillante, incluso tiene una hebilla dorada que recuerda sus historias de los tres mosqueteros.

Mi abuela entonces es un sueco, duro, seco, frío, sonajero y que siempre deja huella. Más específicamente, ella es un sueco de madera con cuero, esos con pinchos a los lados, porque pueden aguantar una hecatombe de pisadas de cabros chicos y siempre estarán listos para mandar un zapatazo de correctivo. Pero también está el sueco moderno, el de género y plástico, los que ocupa la Cristel, los que mueven el ombligo y le dan la alegría de las flores a las patitas mutantes de esos engendros recién bípedos. Mientras los de madera son controladoras, las de plástico son rítmicos. Porque debemos cuidarnos de no encerrar a todos dentro de un mismo zapato.

En cambio, la Elsa que está allí sentada, es un bototo, negra, enigmática, maligna, siempre en pose de querer aniquilar el mundo, siempre buscando que aplastar, desde un papel hasta una plasta, nada detiene aquellos tanques, ni la lluvia ni el calor, todo en ella pareciera indicar el control underground sobre el pasto, el cemento, el barro, es casi a todo terreno a no ser de agujetas fucsias que le dan el toque femenino y que tan buen style le dan en sus noches góticas.

En el ámbito laboral encontramos a mi mamá, ella es un botín de cuero, una especie de remake de Peter Pan en versión electro-acústica en su contacto con la baldosa. Es manejable, no aparatosa, pequeña pero con la fuerza suficiente para pisarte el dedo meñique, mientras caminas a pie pelado cuando vuelves tarde del carrete. También siempre listo para mojarse ya sea bajo la lluvia, de vuelta de la oficina, o en una trapeada de piso, a su llegada a casa.

Mi hermana chica es una zapatilla, de esas de moda. Es una Converse, en realidad es cualquier cosa que sea top, pero, siempre tiene como fundamento común, que sean en variedad de colores, de marcas cuáticas, chinchosas y en inglés. Pero aunque su Converse sea de base de lona, y no tenga mucha altura, da muestra de que servirá para grandes recorridos y nunca quedará mal en la ocasión que se le presente, pues puede ocuparla para ir a una disco y para ir a misa. Es la versatilidad de la onda que incluso la cuida de posibles esguinces gracias a su caña de colores y con dobleces brillantes incluidos. Pero recordemos que hay más zapatillas: están las deportivas tigre, gastadas y deshollejadas que ocupan los chiquillos de la esquina cuando pinchanguean, están los antiguos zapatos de colegio que ocupan los piroperos de al frente, que construyen un edificio, y también están las mutantes, estilo tribilin, mickey mouse, rainbow-bride o Spice Girls y que ocupan los chicos de hip-hop, reggetón, hxc, etc. Mientras mas grande mejor, pues si las zapatillas albergan a la gran masa, deben ser anchas, blanditas, versátiles y sueltas, capaces de acomodarse a medida. Me han dicho que algunas incluso tienen luces o resortes, esas seguramente llevan la onda electrónica y minimalista.

Mi conserje, en cambio, es una Ojota y es implacable como él solo. No hay invierno en que la ojota de neumático no se acompañe de un buen calcetín blanco y un pantalón de buzo. Pero en verano tampoco la olvida, porque ahí cambiamos el buzo y le agregamos un jeans cortados, dejando ver la suela de cuero no-incluido en la ojota pero producto de ella. Digamos que mi conserje lleva la moda local, trae el estilo directamente de las tardes de arduo desmalezamiento de Nacimiento. Y digamos también, que sus zapatos son los más aperrados, pues aunque por más cagados que estén, nunca se rompen, nunca se queman, en fin, hace que su cliente se sienta como un inmortal.

De todo eso me di cuenta hoy camino a esta comunidad. Incluso es necesario de que como para cada pie haya un zapato, se abra la posibilidad de que en algún tiempo pasado los pies de mis conocidos fueran otros, y por ende, podrían haber sido taco aguja, zapatilla chicle, bota, hawaiana, roller, etc.

En mi caso hubo una época en la que fui hawaiana, y estaba a la intemperie del suelo, agarraba todo lo que me encontrara en el camino, era ruidosa y floreada, a veces tenía brillantes lentejuelas y otras veces mostacillas. Luego de la primera patada me convertí, en una Chala, con correas, trabas y broches. Era de cuero, debía ser más resistente, aunque a veces podía volver al plástico, casi nunca duraba mucho, pues prefería tener algo que conservara mi pie seguro, que no metiera bulla y que pasara piola.

Cuando una de las correas cruzadas no dio más y se rompió, pase al zapato de colegio estilo Mafalda, que en mis tiempos de Media, eran lo in, lo necesario, lo útil y lo reglamentado. Con goma blanca y cuero negro mostraban el contraste perfecto entre lo que era y lo que pensaba ser. Y aún conservaba la traba que amarraría -desde chica- todos mis tatos.

Hoy por hoy, creo que, como todos, tengo problemas de personalidad, estoy en estado de pantufla sin trabas visibles, con hoyos, con la suela rota. Será por las tardes de vagoneta, por las largas noches, días y tardes en que me entierro en mi cama, será porque estoy agotada de arrastrarme por el patio, la cocina, hacer un alto en el baño y terminar en el negocio de la esquina comprando el pan. Sólo así se justifica que el algodón termine saliéndose de la cara del perro que saca la lengua. Ya le faltan sus ojos y tiene la mitad de la cara negra y no importa si tenga pie plano o me crea Mr. hyde, la cuestión es que parece que tiene hambre, pero ni modo: si no tiene lengua no puede comer.

Tengo claro compañeros, que hay algo común entre los zapatos: el hecho de que andamos de paseantes, nunca sabemos para donde vamos, y tenemos la tendencia de calentarnos con el uso exhaustivo e indiscriminado de la jornada diaria. Y aunque algunos tienen cuero sintético, otro animal, y de diferentes estirpes, ya sea de vaca, chancho, serpiente, caballo, hasta perro (si no me creen abran una historia universal) siempre seguimos siendo zapatos y no calcetín, soquete o pantys. Los zapatos de diferentes formas, de tallas, de colores, con o sin caña, con terminaciones, punta en v o roma, terminaremos reconociendo nuestro apellido “suela”, y esta es la famosa “sueledad”.

Del descubrimiento de la soledad que padecemos como zapatos pensantes, he decidido organizar una serie de conferencias de autoayuda, pues una suela bien llevada, cuidada y tomada en cuenta no acarreará problemas de podredumbre, hongo, cayos o juanetes, ya que si se acopla perfectamente con el resto del cuerpo, nos inundara el paso armónico y leve, y no tendremos necesidad de sacar bonos para ir al zapatero y esperar por la costura, el martilleo y la tintura, pues el real problema no es la suela, sino la relación de pies con el zapato: el uso que le damos a esa “sueledad”. Entonces, no nos podemos quedar parados sobre nuestra “sueledad”, pues si el tema está en el simple y llano pie pelado, y si a eso le sumamos el tener el “gusto en las patas”, daremos por necesario la búsqueda de canales de peatones dispuestos a dejar los pies en la calle por nuestra hermandad, sólo así sobrellevaremos las correas, trabas, calcetines, y polainas del futuro.

Por eso mi conserje ya es mi primer adepto y dice que tenemos que apretar chala y hacer uso público de la baldosa hace siglos no-encerada, que es nuestro derecho. Aboguemos, entonces, por la expulsión de la grasa de las micros y los chicles, por el uso masivo de las escaleras eléctricas, y démosle una mano a nuestros hermanos mas necesitados, los zapatos ortopédicos que en compañía de las plantillas, el día de hoy, expondrán su experiencia de vida: el como corregir la pata e’ cumbia de la presidenta de la junta de vecinos, doña Pata.
Posted by Hello

3 comentarios:

ultra_titania dijo...

soy zapatilla.
de las all star no por la taquilla sino por la funcionalidad, caen bien,livianitas y acompañan a todos y a todas. las miran por el dejo de estilo e identidad, pero al fin no son tan originales. suelen ser moda. se llevan bien en todos los contextos, aunque suelen ser inoportunas a ratos. lo peor es que ya gastadas, se rompen. se gastan y se dejan a un lado. malo. asi me siento. despues que tras tanta entrega quedan hoy saldos en contra.
te dejo un besote.

Chandler Santiaguino dijo...

Siempre he querido saber si para los demás soy unos "blue suede shoes" o bien unas chalas rosadas Agatha Ruiz de la Prada. Al menos creo que tengo bastante de "blue suede shoes", por ser wannabe en un mundo cool del que aún no me siento parte. Si fuera la segunda opción, tendría que contratar a un verdugo a domicilio.
Salu2.
Un abrazo.

Roberto dijo...

Uf, leo y leo, y no sé qué zapato soy, pensé en varios.
Decidí qie soy varios.

Buen post.