viernes, enero 14, 2005

Materia y Sangre.-


Los amores clandestinos son como las espinillas. Tienen ese morbo de mirarlas, contemplarlas con expectación, prediciendo su futuro, comprendiendo la evolución de los colores, y el como cambian la masa muscular, dejando huellas, cicatrices y expulsando jugo. Pero hay algunas que explotan y otras que quedan por debajo de la piel.
Las primeras son las típicas, como las de mi papá. Las de la secretaria y el jefe, y el irrefrenable calor que se vivieron entre cafés, informes, cuentas y billeteras con sorpresas. Las del joven de 21 años, inexperto que por mala suerte dejó embarazada a su primera polola, la primera vez. Las del joven sacrificado, esforzado y siempre emergente, que cuando llegó a su pic’ económico, se separó, dejó la casa y los amigos, y quiso dárselas de dandy y chico loleyn, para terminar cesante y con dos hijas de una patá en la otra familia, sumadas a dos del primer matrimonio. Ahogado en deudas y pensiones de alimentos en los tribunales.

Las segundas, las que nacen dentro de la piel, y nunca salen a la luz, son las fantasmas. Son dolorosas y sólo están expuestas al cuerpo del que la porta, se hinchan, cambian rápidamente de tonalidades, y pareciera que jamás se irán. Uno termina asumiéndolas como tumores, como lunares cancerigenos inextirpables y en su fase de gigantismo, como una prótesis facial. El mío es como ese.

Digamos que es un amigo, y digamos que es una relación de tres. Es una infidelidad, para él, y un free lance para mí. Digamos también que cuando toco la protuberancia el cuerpo se me eriza por completo, que duele y me agota en el frote. Por más cremas y parches anti-acné, es terco como él solo y no desaparece. Y que me estoy acostumbrando a andar por la calle con una tercera mejilla, con el cuerno del unicornio, con el chichón rojo que intento disimular con las maravillas de maybelline.

Digamos también que él es un tanto mayor, y qué el hecho de que le salga una espinilla -para él- es motivo de felicidad, ya que recuerda sus tiempos pasados de largas bufandas y chaquetones que calentaban sus largas tardes de estudio en el mausoleo que tenia por U. Sus tiempos en que estaba en las pistas y tenía todo el futuro a sus pies. Para mi, es una plancha, pues le recuerda a todo el que se me cruce por delante, mis 19 años que no aparento, las niñerias, los caprichos y los celos ante aquellas mujeres que andan con cutis nivea por la vida. Pero vergüenza a medias, porque también me jacto de las mil y una mañas que tiene el cutis, y de ser la cliente frecuente del dermatólogo. He aprendido bastante, pues él es de esos tipos adictos a las espinillas que de vez en cuando me regala esas épocas de equilibrio hormonal y lisa piel. Dice que la belleza no existe, y a la vez, que todas las espinillas son bellas. Es de esos tipos locos, que andan por la vida dándoselas de cuerdos. Y es por eso que duele y confunde, pues se camufla, se esconde y se disfraza de ampolla, de lunar, de cicatriz, de quemada. Y no. Las espinillas necesitan cuidado, el cuidado que las Cutis Nivea tienen todo el día disponible, y a una que es part time, no le queda otra que esperar, mirarse al espejo, y en el mejor de los casos, buscarse otro furúnculo. Asumiendo siempre que el cutis no será el mismo al finalizar el tratamiento, que el doctor tendrá siempre a un cliente mejor o más atractivo que atender, y que tu cara de frutilla tendrá que esperar hasta la próxima partida.

Por eso es que cualquiera sea el antifaz que se pongan dichosas ronchas, la cuestión es que cuando una es sádico-masoquista, y se anda peñiscando la cara, los hombros y la espalda cada vez que entra al baño, una relación espinilluda, no será más que la introducción para sacarse los pelos de las piernas con las pinzas, los puntos negros con las uñas, y las espinillas con los dedos: es la introducción para repetir lo mismo, para seguir sacando materia y sangre, y reconocer que todos hemos tenido espinillas alguna vez.
Cloe. Posted by Hello

4 comentarios:

Placeres No Culpables dijo...

Hola, yo tuve una espinilla,que era de esas por debajo, que mientras duró me gustaba tenerla y aunque ella crecía llena de materia no quería reventarla, porque no quería perderla...

Ahora ya no está , y te juro que por mas dolorosa que fue en algunos momentos, jamás cometría la locura de comprar cremas anti-acné.

saludos

Aurora dijo...

chuta yo al contrario...me hubiese gustado un método super potente para sacarla, sin dolor y que nunca hubiese dejado marca.
Chaooooooooooo

konus dijo...

y dijo el amargado... y yo que busco al menos una picada de pulga, granos de ortiga o de alergia a la penicilina...

Ntra. Sra. del Caos dijo...

yo sufro de queloides, problemas a la cicatrización que hacen que una heridita se transforme en un tumor de putamadre...

lo que tengo ahora es como así.
y duele, muerde...pero es parte de mí misma...
como le dije al último dermátologo que quería intentar operarlo (nuevamente): déjelo... así reconocerán mi cadaver si queda tirado por ahí.