lunes, mayo 02, 2005

Omar o no-Omar .-


El Omar era el típico profesor de filosofía-lolo de chala franciscana, pelo largo y manos blancas de tiza. Era el profe de las camisas a rayas de papá, pero abrochadas un botón más abajo, toda una novedad, para 16 años de virginal ignorancia. Siempre fue raro, y era tan raro que terminaba ganándose la confianza de todo mi curso, haciéndonos confesar las mismas palabras que decíamos en la capilla frente al curita de 200 años y de oreja duracell, pero esta vez, en clases y con una sonrisa en la cara.

Le decían el Horacio Saavedra, no por lo pelado y chico, sino porque su gracia era aletear con las manos hasta el techo, vigilar y mover la boca hasta el cansancio: todo mientras el resto del mundo no lo pescaba. El silencio de la clase sólo se abría cuando hablaba de sexo: de Aristóteles pasaba directamente al Kamasutra y del Príncipe de Maquiavelo a la chica con nombre de lavadora con la que se había acostado el fin de semana. Toda una novedad para unas pinguinas-peloliso-aritoperla. Él era todo el infierno del que las monjas nos recluían en un iglú llamado colegio.

De la totalidad de mis compañeras el 70% lo repugnaba con todas sus viseras, mientras que el 25% lo adoraba y el 5% estaba desconcertado, sorprendido y pasmado: el 5% era yo. Porque quién le iba a comprar el discurso de “¿Qué es esto?, ¿Pero quién les dice a Uds. que esto es un lápiz? ¿Ser o no ser? ¿Por qué? ¡¿Por qué?!”, mientras tomaba un bic y lo levantaba para que todos lo miraran. Nadie lo tomaba en serio. Hasta que en 4to me vi llenando test vocacionales, ensayos para la última PAA y ponderaciones para estudiar filosofía. Era el comienzo del fin del profe-lolo.

Cuando entré a Filosofía, lo veía una vez a la semana, agarrado de una maleta llena de libros con olor y ahogado de alumnos reclamándole por las notas. Él también hacia clases en mi Universidad. Como era obvio, conocí a otros viejos sabiondos, aburridos, con tics guturales y manias; viejos que eran sus amigos. Era por ellos que me informaba de lo que le ocurría. Me llegaban las noticias de sus viajes a Argentina, de sus presentaciones en charlas, de sus afears, de sus resfríos y la majestuosa noticia de su matrimonio. Del cual nunca me di por enterada, hasta que un día de lluvia me invitó a un banquete en su casa, donde él haría de Sócrates y yo de Platón. Los libros siguieron a otros libros y de aquellos pasamos a los siguientes. Las hojas se completaron de gustos y disgustos, de miedos, ausencias y reproches, tal como debía ser, y como Miranda! cantaban en la radio.

El Omar así se desnudó completamente; sus dientes de algodón ya estaban empastados en tabaco, sus ideas novedosas yo ya las conocía y sus chistes eran los mismos. La desilusión propia de la información se presentaba de pé a pá. Él no era el tipo que dijo ser, o más bien nunca fue quién era o yo simplemente lo imaginé. Omar o no-Omar. Después de 5 años claramente ya no era el mino con garra que argüía que el matrimonio era un contrato, y que él por nada del mundo se firmaba ni timbraba. Ya no tenía el pelo largo, ni las chalas, ni las ganas, ni las fuerzas, ni ese mundo que uno esperaba. Las horas de clases, de voyerismo y de repetición de discurso lo apagaron. Las micros en las que se lanzaba para llegar a la hora a sus clases, dieron paso a los taxis y de las noches de bohemia en Bellavista, pasó a contratar internet para intimidar a las chicas que físicamente ya no se le ofrecían. Ya había caído en sus contradicciones y se catalogaba como adulto-fome. Uno de esos de treinta pero que tienen problemas de 15, y que nunca pueden resolver.

Luego de eso no supe nada de él hasta este verano donde programamos juntarnos en la playa. La salida no ocurrió porque a última hora la familia reclamaba tiempo y espacio, reclamaba desde Argentina hasta Viña, así que no había lugar, de hecho nunca lo hubo. Hasta ayer.


Mientras garabateaba en la mesa con el bic de tapa mordisqueada y miraba como la lluvia se filtraba por el techo de la sala, el profesor de turno movía las manos, y hablaba sobre la educación. Decía que el alumno aprende del profesor y el profesor del alumno, y el alumno de si mismo, que para aprender hay que desear y desear hasta el infinito para recrear el mundo. Eso ya lo había escuchado. Golpeteé con mi zapatilla la mesa para seguir la canción que había escuchado en la ducha, mientras ansiaba salir volando por la ventana del cuarto piso del edificio copeva. Hasta que mi paraíso onírico se destruyó cuando un tipo con las manos manchadas de plumón azul, pelo peinado y zapatos de papá me tocó el hombro y me preguntó: “¿Qué es esto?” mientras me quitaba mi lápiz pasta y me miraba el cierre del chaleco. Bah. Ahora seguiré a mi nuevo maestro espiritual: Álvaro Salas, el mismo que afirma que chiste repetido sale podrido, tal como la tapa de mi bic.

Cloe Posted by Hello

10 comentarios:

Homero dijo...

Excelente historia y muy bien contada felicitaciones.
Recrear la realidad es un don.

Placeres No Culpables dijo...

Yo creo que todos tememos eso...convertirnos en lo contrario que fuimos alguna vez...

Me encantó tu post ...de verdad me encantó

saludines

Elisa de Cremona dijo...

mmhh... el sabio de álvaro salas...
qué decepción... ese tipo de profesores deben ser destruidos... yo los odio con todo mi corazón, porque además de idiotas son poco originales, y esa es la mayor muestra de tontera que puede tner un hombre: repetir y repetirse eternamente...

Anónimo dijo...

Eres tan pendeja cuando eres tu.


el tal "Omar"
Osea Yo. No tu Yo.

alejandro dijo...

nadie le pone omar a su hijo en bolivia y paraguay. ehhh, en el blog de quién dijo me vió?

saludors

Mirada dijo...

Es una historia con una reflexión muy interesante y muy poco apetecible para nadie.. ¿verdad? Me refiero al retroceso en lugar del avance. Miles de besos preciosa.

Alan's psychedelic breakfast dijo...

Comentar o no comentar.

Jonathan dijo...

Me recordaste un profesor que tuve el año pasado en un curso de Filosofía antigua; se parecía ene a un actor de teleseries, y era medio jipiento. Además de fascinar a las jóvenes, no decía nada coherente. Recorrímos desde los presocráticos hasta Aristóteles como un rayo; y bien disipado.
Qué cuestión esto de los profes, los hay buenos y malos; será po`.

Espero, si Dios quiere, llegar a ser un guen profe.
Saludos.

PD: Gracias por poner la silla como link.

ultra_titania dijo...

Mi profe de folosofía en la u se llama PAJARO MALO [como el de los gatos samurai]... Hace clases en colegios y en la u nos embobaba mientras nos torturaba con el ¿Que es el hombre?...
Amado y odiado...
ser mitologico...
Cuenta la leyenda que estaba en su colegio del corazon [jesuita y de hombres]... El curso no callaba no lo respetaban no hacian caso a las indicaciones...
Un dia llega pajaromalo con su parada y simpatia habitual y la misma actitud del curso. Los gritos la bulla y el no respeto
Llega el profesor y en pleno escritorio coloca una radio. Todos miran curiosos.
Mi profesor de filosofia entonces apreta el PLAY y zas!
Suena ROBOTECH
Todos en silencio...
LA MUSICA CALLA A LAS BESTIAS
Nunca mas el alboroto.
Pajaro malo lo llamaron.
pajarito nosotras... las del fan club.
Besos amiga *-*

El Pelado Sarlanga dijo...

est{a muy bien lo de ese profe... hay que entender, la vida es dificil, y se hace lo que se puede...
g.