lunes, junio 25, 2007

Prefiero no bailar.-

Pic: [ Carolina Dagach ]

[*]


Prefiero no bailar (extracto)*

no coordiné la coreografía porque no sirvo para el orden y los tacos los odio porque son de secretaria estresada de amor oficinista entonces mejor sin nada a pies pelados y tobillo vulnerable para que las extremidades sean aún más radicales en el escondite de la piel y para que la carne florezca en medio del pisco que se escapa de los vasos y que bailan con nuestras sombrass

m’hijita qué rico me decías y yo que rico te respondía para que pasáramos a otro tema y juan me miraba de reojo detrás de tu costilla la que te habían apaleado no te la podía tocar cuando me agarraba de tu espalda para hacer el pase de las manillas del reloj las que nos enseñaron desde chicos cuando ocupábamos las zapatillas de chicle esas mismas por las que te quebraron la espalda a hurtadillas de nuestros tiempos escamoteables

es una herejía decías mientras mis caderas zigzagueaban y mis pies se enraizaban en el suelo pegoteado de limón me decías que yo sería marginada del rito del baile porque todo en ti era rito y era una lástima que todos los pasos de ese tema fueran tan ordenados pues mi aleación con el mercurio de tus tobillos hubieran sacado chispas sin los perreos fantasmas de la costa rica ni las calcetas húmedas que me hiciste coleccionar te

me decías que estas noches perdidas entre tanto pie y tobillo subrayado de algo tenían que servir y querías que el placer fuera productivo que juan dejara de ser pareja para que nos uniéramos en una bachata medicinal de esas sin currículo oculto y que para hacer cambio de ritmo exigen un salto al vacío de esos de los que salen en la tele me decías yo tan miope y falta de pantalla obedecía como una nube en forma de mariposa me pegaba al vestido que era lo único que mi herencia celebraba entonces me besabas para zurcirte cinéticamente pues si las noches debían ganar algo era mejor que fueran flores e hijos a tragos de nuestras sombrass y lo terrible de bailar eran ellas

cuando abriste la ventana me lloré porque por fin nuestros aires se blanquearían y podrías ver mi vestido sin mangas sin corte sin pinzas sin bastas el que desde chicos sabíamos que yo heredaría mientras me lo levantaba para descubrir como estaban mis banderas percibí tus cejas gruesas en mis calcetas de estrellas y me decías que mejor dejara de sobarme las carnes que el ritmo hace su trabajo solo que si obligo bailar a mis vuelos el baile del esqueleto se me vendría encima y que como eso es la aporía (el perreo) mejor enchufara los parlantes y cerrara la ventana porque todo el humo del cigarro y nuestros respiros no le pertenecían a las mayas verdes plagadas de polillas

me mirabas desde el centro del escenario sentado en la silla de plástico endeble, esas con marca de cerveza las de abajo eran sólo de fierro esmaltado y mientras tu me inspeccionabas las pantys negras yo te hacia gestos para que me vieras los lunares de mi cuello pero tus ojos no me llegaban a los ojos de mi carne sino sólo a los del vestido entonces di vuelta la silla miré por la ventana empañada y la bola de espejos disparó perros enrabiados contra las paredes las que nos vieron nacer en el agua y en el rincón de esta canción que tarareo tu ya no me miras mis mayas ni mis contenciones sino que la espalda pegada al asiento y eso resultaba pues para que me mires de frente te daba la espalda mil veces como decía mi abuela: “los hombres se quedan donde hay comida” o como dices tu que te crees planta en los pies peludos “hay que regar” para que te quedes en el paso quebrado de mi coreografría

resumidos en el talón quebrado y en el paso de estrellas a polillas nos contemplamos medio segundo mientras la bola de espejos nos disparaba balas como lunas fugaces que fue la eternidad la obligación de nuestras escaras nos costarán el baile de ayer el recuerdo de juan y la canción por la que hiciste migas con el dueño del local entonces me mirabas directo a los ojos como si fueras un pez analizado con los ojos de d o s y en la simultaneidad de nuestras cejas me declaraste exiliada de mis cordilleras ahora rastrojos tuyos gemidos míos míos míos y luego me besaste la falla para que comprendiera que la carne firme sin autoría es bestia floreada dócil a la transfiguración de mayas negras
A. Ocampo

*: el formato blog no me deja ponerle "tab" al poema, distancias importantes que no aparecen en esta versión digital.

7 comentarios:

matlop dijo...

querida amiga!!

este poemaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.....

ES EL PRIMER PASO DE TU NOVELA!!!


=)


nos vemos..el viernes
M:

Persio dijo...

... pues deberías (bailar), A. Ocampo.

Me gusta ese taconeo. Me voy tarareándolo.

Un abrazo

Mirada dijo...

Te sigo, emocionada.
Mil besos pequerrechiña.

Hugo Donaire Miles dijo...

Sal2 desde el desierto más arido del mundo.
Exito y cariños.
Esta buenisiimo lo que leí.
Eso...

ESTRANGED- dijo...

Nos haces bailar con el ritmo (a veces muy afilado) que nos propones aqui.


saludos.

La Palo! dijo...

Yo bailo bailo bailo

bailo

un abrazo!

1
2
3
me aborté

Sherezade dijo...

Lle´gué por casualidad... "Peces de ciudad" qué gran titulo para esta gran pecera.

Seguiré leyéndote.